No podía apartar la mirada del delicado metal que ahora llevaba puesto, ni del hombre que lo había colocado en su dedo, uno que le prometía un futuro tan lleno de oscuridad como de pasión.
Víctor estaba delante de ella, observando cada gesto, cada movimiento. Su mirada fija era como una marca en su piel, penetrante y segura. Sin decir una palabra, se acercó y tomó su rostro con una suavidad que no coincidía con la intensidad de su mirada.
—No escucho nada de tu parte… ¿Te estás arrepintiendo? —