Víctor pasó un trago que le fastidió en la garganta, y sobre todo en su cuerpo insatisfecho y hastiado de esperar.
No era que la belleza de Daniela solo lo distrajera, literalmente ella lo desquiciaba de una forma que nunca pudo controlar. Su ceño se frunció de forma significativa, y pudo oler, desde su distancia, el perfume que ella se había puesto. No era el perfume, era su olor mezclado con el mismo, y sus ganas por hacerse presente en él.
El solo pensamiento de que ella había hecho un cambio