El silencio que siguió a las palabras del nonno fue como una bomba de humo invisible: todos estaban presentes, pero nadie parecía respirar.
La palabra “bisnieto” aún resonaba en el aire como un trueno demorado. Melissa sintió cómo el aire parecía enrarecerse, cómo los cubiertos quedaron suspendidos en manos temblorosas y las miradas eran dardos lanzados sin misericordia.
Luca, con su inocencia intacta, sonrió tímidamente mientras Lorenzo le sujetaba la manito con ternura.
—Mi bisnieto… el hijo