Bruno llegó a la habitación después de obtener de uno de sus hombres, unos analgésicos, y una botella de agua nueva.
No pudo evitar que la sonrisa se le torciera, porque la vida era demasiado irrisoria. Había comprado algunos clubs en Portugal, lo había hecho también en España, y en Roma. Sus negocios se habían esparcido por todo Europa, y Víctor era una conexión grande en Estados Unidos, el país donde había pasado gran parte de su vida.
Sin embargo, no sabía que le estaba planeando el destino,