Aquella mañana, la sala de reuniones del principal bufete jurídico de la ciudad se sentía fría y solemne.
Alexa permanecía sentada con la espalda recta junto a Devan, observando la gruesa pila de documentos que un hombre de mediana edad, con gafas, acababa de colocar sobre la mesa de mármol.
Aquel hombre había sido el abogado de confianza de la difunta madre de Alexa durante más de una década.
—He revisado nuevamente toda la documentación, señorita Alexa —dijo el abogado mientras abría la prime