En la residencia principal de la familia Ivander.
El silencio de la mañana se rompió de repente con el fuerte sonido de una cuchara golpeando un plato de porcelana.
Franklin estaba sentado en la cabecera de la mesa del comedor, con su teléfono encendido junto a su taza de café.
Sus ojos, marcados por los años, permanecían fijos en la pantalla con una expresión de absoluta incredulidad. El titular del día ocupaba toda la portada: anunciaba el matrimonio de su hija biológica, Alexa, con el presid