Alexander continuó hablándole con un tono de voz más suave.
–Basta con que esté cerca de ti y comience a acariciarte. –comentó mientras delicadamente le bajo al hombro un tirante de su camisón y al hacerlo se aseguró que su mano y brazo rozaran su espalda.
El volver a sentir el roce de Alexander hizo a Neyra estremecerse y automáticamente por reacción involuntaria cerró los ojos; no podía creer que aún después de tanto tiempo él tuviera ese poder sobre ella. Ni entendía cómo era posible que su