Eleanor se secó las gotas de sudor que le corrían por la sien con el dorso de la mano.
Acababa de terminar de organizar los documentos que Abigail le había pedido, clasificándolos según las fechas y el orden correspondiente.
Levantó la vista hacia el reloj de pared situado sobre la puerta. La aguja corta ya había pasado de la una de la tarde.
La hora del almuerzo de los empleados había comenzado hacía más de una hora.
Respirando hondo, volvió a levantar la pesada pila de documentos con ambas ma