Clyde estaba leyendo el diario de su abuelo Angus, había leído lo suficiente para saber que el legado era al mismo tiempo una bendición y una maldición, porque no había manera de librarse de las obligaciones que traía consigo.
Él siempre había sido un joven tranquilo y se podría decir que no le gustaba la injusticia ni el maltrato a las personas, pero no más allá de lo razonable, pero ahora sentía hervir su sangre en las venas cuando por casualidad presenciaba una injusticia ante sus ojos.
Pero