Freya recorrió la cafetería con la mirada y al encontrar a quien buscaba, dio un largo suspiro y se acercó. No puede olvidar la bofetada que le dio en el bar y las intenciones que tenía de seguir golpeándola. Tras asegurarse de que su vientre no se notaba gracias al abrigo, le dio frente.
―Llegaste. ―Ginebra se puso en pie para saludarla, pero Freya decidió mantener la distancia. ―Por favor, siéntate. ―Le sonrió un poco incómoda por el rechazo. ―Ya he pedido los cafés. ―Freya se sentó.
―No teng