Cinco meses habían pasado desde que Ivette entró a la vida de los Archibald, cinco meces que habían sido los más felices para su hermana y ella, simplemente era excitante lo bueno que podía ser la vida.
Jamás se imaginó salir de aquella tristeza tan pronto, todo el tiempo pensó en que debía sufrir muchísimo antes de ser alguien en la vida y regalarle una verdadera alegría a su hermana, pero aquel chico raro de ojos azules oscuros resultó ser ese ángel por el que le imploraba a Dios todos los d