Aslan Murabak
No podía creer lo que estaba haciendo Berne. Desde el principio había demostrado ser una figura ambigua y voluble, incapaz de inspirar auténtica confianza. Ahora, en medio de la vorágine de emociones que me invadían, estaba completamente seguro de que la historia de su supuesto embarazo no era más que una mentira calculada.
Al salir del hospital, con el corazón oprimido, mis ojos contemplaron una escena desoladora. Kudsi, mi país, se encontraba en un estado deplorable. Los rebelde