Aslan Murabak
Me desperté junto a Diana e inmediatamente sentí que una oleada de felicidad invadía mi ser. Era como si fuera el hombre más rico del mundo, poseedor del mayor tesoro que nadie podría desear: el amor de esta increíble mujer. Cuando mis ojos se abrieron al nuevo día, me di cuenta de que el mundo exterior había desaparecido. En aquel momento, sólo estábamos nosotros dos, y todos los problemas que antes me habían atormentado se habían disipado. Diana sonrió al darse cuenta de que me