Rachel estaba adormecida en su asiento mientras el avión surcaba los aires sobre el océano Atlántico, solo estaba consciente de la cálida mano que sostenía la suya con suavidad, abrió los ojos con cuidado y un leve resplandor le pegó en los ojos mientras miraba hacia la ventanilla que estaba protegida con una fina malla que impedía entrar toda la claridad del exterior.
Sin embargo notó que la claridad era apenas un tenue atisbo del amanecer, porque no había salido el sol, sino que, por la altur