La luz entrando por la amplia ventana, despertó a Rachel, quien se sentó en la cama de golpe al ver tanta claridad en su cuarto, hasta que recordó que ya no vivía en la modesta casa en los suburbios pobres de la capital. En un cuarto donde no había sino una pequeña ventana nada más, así que nunca se veía, a esa hora, tanta luz.
Ni siquiera en el cuarto de la nueva casa de los abuelos la luz se veía tan brillante, pero por supuesto que en este apartamento, en un edificio que se equiparaba a los