Mi preocupación de que Lucca no responda se fue al piso porque vi un hermoso Dios del Olimpo entrar e iluminar el aula, es mi Albert que ingresaba con una bella sonrisa en sus labios y sus ojos mirándome directamente a mí y yo le lancé un beso volado que hizo reír a todos y a Él también.
Todos nos levantamos para saludarlo.
—Buenos días, profesor Collins.
Y se escuchó mi voz al final de todos que me miraban en forma cómplice.
—de Carter —Ver su sonrisa pícara al escucharme me lleno de tanto amor