Despierto con el resplandor cegador de unas luces fluorescentes, la cabeza latiéndome como si me la hubieran partido en dos. Todo el cuerpo me duele, desde todos los ángulos, como si me hubiera atropellado un camión enorme una y otra vez. Se me escapa un gemido cuando intento moverme, pero una mano firme presiona mi hombro y me mantiene acostada.
—Tranquila, Taty —dice Emily con voz suave, aunque cargada de preocupación—. Te desmayaste.
¿Me desmayé? Frunzo el ceño, confundida, mientras mi mente