Tatiana
Un grito se me escapó de la garganta antes de poder detenerlo, el sonido resonando en mis oídos como un eco. Se me cortó la respiración, el pulso me martilleó y mis ojos se abrieron de par en par al quedarme mirando la polla de mi hermanastro, erguida y descarada.
Hasan, imperturbable ante mi shock, apoyó una mano en la cintura mientras la otra se deslizaba por su ridículamente hermoso cabello, dedicándome una sonrisa burlona.
“¿Hola? ¿Tati? ¿Sigues ahí? ¿Está todo bien?” la voz nervios