Tatiana
El pánico se me atoró en la garganta, mientras el sudor me empapaba la frente. Emily está afuera de mi habitación, girando la perilla intentando abrir.
“Sé que estás ahí, Taty. Te escucho respirar”, insiste, esta vez no solo girando la perilla, sino también golpeando la puerta.
Estoy a punto de caer en un ataque de pánico solo de pensar lo que pasaría si Emily logra abrir y encuentra a su novio desnudo, con la polla dura apuntando al techo, y mi cara cubierta de su semen.
Hasan da vuelt