Tatiana
En cuanto solté aquello, lo lamenté. Me sentí más culpable y horrorizada que la propia Emily. A eso súmale frustración y rabia. Emily estaba recibiendo toda la peor parte de los cambios de humor continuos de Hasan, lo cual ya me tenía al borde del colapso. Ella no se merecía eso.
Los ojos de Emily se llenan de lágrimas antes de salir disparada del vestidor. Sé que debería correr tras ella y disculparme. Mi corazón me lo grita, pero por alguna razón mi boca se niega, como si desafiara a mi cerebro a dejar que todo empeore.
Me cambio al uniforme de porrista y voy al entrenamiento. Las chicas ya están repasando una coreografía que hemos hecho mil veces. Todas sonríen al verme, excepto Emily. Les doy un gesto firme y me uno.
Emily repasa los pasos dos veces antes de decidir que ya tuvo suficiente. Me golpea el hombro al pasar y sale del campo con pasos largos. Los murmullos no tardan en encenderse por su reacción, y todavía más cuando yo lo ignoro como si no fuera nada y les pido