Tatiana
Me esfuerzo por estar de buen humor en la escuela. Me repito que debo asentir, sonreír o hacer algún comentario cada vez que Emily abre la boca. Me digo, como ayer, que si me comporto normal, mi necesidad por Hasan se irá.
Así no sentiré cosquilleos cada vez que nuestras miradas se cruzan en clase. Ni me dará esa rabia ardiente cuando su compañera de asiento le acaricia el brazo, coqueteando sin vergüenza mientras hablan. Por Dios, estamos en clase. Esa niña se merece detención por provocar así.
Contengo las ganas de ir con la señorita Treton y acusarlos yo misma. Que alguien haga algo, por favor.
“¿Me estás escuchando?” Emily prácticamente me respira en la oreja.
“¿Qué? ¡Sí!” Agarro mi libro para fingir que estaba atenta. Ella se deja caer en el asiento justo cuando suena el timbre. Cuarta hora. Última del día. Emily y yo solemos matar el tiempo fuera del campus antes de volver a las seis para la práctica de porristas.
Salimos juntas del colegio. Ella también ha terminado por