Tatiana
Me esfuerzo por estar de buen humor en la escuela. Me repito que debo asentir, sonreír o hacer algún comentario cada vez que Emily abre la boca. Me digo, como ayer, que si me comporto normal, mi necesidad por Hasan se irá.
Así no sentiré cosquilleos cada vez que nuestras miradas se cruzan en clase. Ni me dará esa rabia ardiente cuando su compañera de asiento le acaricia el brazo, coqueteando sin vergüenza mientras hablan. Por Dios, estamos en clase. Esa niña se merece detención por prov