Helena hernandez
Habían pasado unos días y no pasó nada.
Cortez siguió absolutamente atento, tranquilizándome y diciendo que García no estaría loco si apareciera así de repente, pero tenía sus dudas. Todos los días, Cortez redoblaba su vigilancia en el cuartel y, cuando volvíamos a casa, siempre había un oficial conmigo, acompañándome.
Como si toda esa locura por la fuga de García no fuera suficiente, también descubrí que encontró la manera de sacar a Míriam del centro psiquiátrico. Siento un