helena hernandez
Cortez me acarició la mano mientras almorzábamos. Por supuesto, todos los subordinados observaban la escena con mucha atención. Fernando ya no ocultaba lo mucho que me amaba; Tenía muchas ganas de demostrarlo.
Me seguía asegurando que no pasaría nada o que permitiría que esos dos buitres del cuartel me hicieran daño, pero yo tenía mis dudas.
No pagaría por ver qué podían hacer ellos dos.
Tenía que estar un paso por delante. Míriam regresó con la intención de vengarse; Escuché