—¡Está bien! —respondió Sía con entusiasmo.
Luna no esperaba que, tras esperar, a la una de la mañana aún no regresara Leandro.
Durante ese tiempo, ella acompañó a Sía. A veces Sía leía, otras veces jugaba en la computadora; la mayoría de las veces, Sía se dedicaba a cosas que Luna no entendía, como fórmulas de biomoléculas.
Luna se dio cuenta de que las matemáticas no eran el mayor interés de Sía; eran solo una materia básica. El cálculo rápido era un simple juego para ella. Su verdadero interé