—No deberías haberla traído —Diego se burló.
—Diego, ¿con qué identidad y con qué posición te metes en esto? —Leandro sonrió fríamente.
Luna fue retenida por Leandro, quien la agarró por la muñeca, dejándola inmóvil.
—La quiero, me ocupo de esto como su pretendiente. ¿Te parece suficiente? —Los ojos de Diego brillaban con un fulgor viviente. En ese instante, su rostro limpio y guapo, junto con su sonrisa cálida, lo envolvían en un aura de tranquilidad y comodidad.
—Luna, te quiero. A partir de h