Rodrigo quedó totalmente atónito, con la boca ligeramente abierta, sin poder cerrarla durante un rato.
—Alejandro, ¿no te has dado cuenta de que en realidad tienes tendencia a ser bastante masoquista? Tienes todas las características de un marido dominado. Si sigues así, muy pronto tendrás que entregar todas tus tarjetas de crédito, ¿acaso voy a tener que pagar cada vez que salgamos? ¡Maldición!
—¿Entonces, antes, ¿no pagabas tú cuando salíamos? — preguntó Alejandro con indiferencia.
Rodrigo no