—Sí, voy ahora mismo.
Después de que el secretario Pedro se retiró, Enrique finalmente se atrevió a mostrar su completa vulnerabilidad. Se apoyó débilmente, mientras la culpa y el dolor lo asaltaban como una tormenta furiosa, torturándolo insoportablemente.
En ese momento, su mente estaba llena totalmente de pensamientos caóticos y diversas voces entremezcladas.
—No sé cuándo sucedió, pero me he convertido en alguien que no puede separarse de ti.
—Lo primero en lo que pienso cada mañana al despe