—¡Encuéntrala! — Rodrigo golpeó fuertemente el alféizar de la ventana con la palma de su mano. Sus ojos afilados y alargados ardían en un rojo intenso. —¡Si es necesario, derriba toda la casa por completo, pero quiero encontrar a mi esposa!
—¡Sí! ¡Ya pongo a todo el mundo a buscarla de inmediato! — Luisana se apresuró.
La habitación volvió al silencio. Las tensiones desordenadas de Rodrigo se relajaron un poco, y su estado de ánimo se volvió un poco más tranquilo.
En ese momento, escuchó débilme