—Esta bien, ¡Luisana, cómo puedes ser más charladora que mi misma madre! Al principio me gustaste porque eras callada. ¿Cómo es que cuanto más envejeces, más le das cuerda a la lengua para hablar? — Rodrigo la reprendió.
Luisana apretó los labios, avergonzada, retrocedió un paso. Antes, las mujeres alrededor de Rodrigo iban y venían como el agua, pero ella era la única constante. A lo largo de los años, desempeñó múltiples roles a su lado: secretaria, guardaespaldas, compañera de baile, amiga qu