Aarón seguía en el hospital recuperándose, y quien fue a recogerlo fue César.
Sentados en la parte trasera del coche, Alejandro inhaló profundamente, sus grandes manos sujetaron suavemente la fresca y cálido mano de Clara.
Ella no se apartó, permitiéndole sostenerla con gran ternura, permitiéndole atreverse a entrelazar sus dedos, sintiendo la temperatura única de él.
—Rodrigo originalmente iba a venir pase lo que pase, pero no lo dejé venir—dijo Alejandro con voz muy profunda.
—Sí, entiendo tu