Solo Aurora, un cuerpo frágil, se interpuso frente a Clara. Sus brazos caídos, débiles, y su cuerpo entero parecía haber perdido por completo el alma, deslizándose suavemente hacia abajo.
Alejandro y Aarón quedaron atónitos y perplejos.
Clara abrazó a Aurora, sintiendo su palma húmeda y caliente. Con manos temblorosas, levantó la cabeza y lágrimas brotaron de inmediato.
—¡Aurora…!
—Clara, escúchame—Aurora estaba perdiendo la conciencia, sus labios apenas podían moverse y su rostro estaba tan pál