La mirada de esos tiernos ojos, color melocotón, la observaron fijamente. Carolina se asustó, sintiéndose muy nerviosa y evitó respirar, tratando de explicar: —Alejandro, de verdad, no tenía ninguna otra intención. Solo me preocupaba por tu salud.
Alejandro apoyó sus manos en el reposabrazos del sofá y se levantó, pero tan pronto como se puso de pie, sintió que el mundo le daba vueltas. La incomprensible sensación de calor se propagó por todo su cuerpo, cada vez más intensa. Respiró pesadamente,