Justo cuando la puerta estaba a punto de cerrarse, Pol de repente detuvo sus pasos, con una sonrisa fría en su rostro, se dio la vuelta hacia atrás. Sus labios estaban pálidos, dibujando una línea burlona y despectiva.
Al mismo tiempo, Alejandro se encontraba solo junto a la ventana, mirando hacia afuera con gran inquietud. No dejaba de fumar, y el cenicero de cristal estaba lleno de colillas apiladas como montañas. La habitación estaba llena de humo, lo que hacía que su expresión, que solía ser