¡Plop!
Carolina torció el tobillo y agitó los brazos en el aire mientras su bolso de Hermas volaba, por los aires, terminando ella misma cayendo al suelo de manera cómica y desordenada.
—¡Ah! ¡Me duele mucho!
Se sentó en el suelo con lágrimas en los ojos, sus labios temblando sin parar.
Normalmente, cuando un hombre ve a una belleza caer al suelo, especialmente si es por su culpa, lo más correcto es acercarse y ayudarla.
Pero Alejandro, como si no hubiera pasado nada, se movió tan rápido como e