—¡Ahh!
Un agudo dolor salió del hombro de Leona y retrocedió dando dos traspiés, ¡apenas sin tocar el piso!
—Noa.
Rodrigo se paró frente a Noa, mirando profundamente su cara enrojecida. Dijo con su voz sutil y magnética: —Estás tan hermosa hoy.
—¿Eh ......? —Los latidos del corazón de Noa se agitaron.
—Está tan aburrido aquí, ¿por qué no te vas conmigo? —Los ojos de Rodrigo sostienen una suave luz mientras extendió su mano hacia ella.
—Vamos a ...... ¿Dónde?
—Cualquier lugar. A donde quieras ir