A la mañana siguiente, Clara se sentía aún adormilada y un poco desorientada. De repente, abrió los ojos de golpe y se sentó en la cama.
La habitación estaba decorada en tonos de blanco, negro y gris, y el aire estaba impregnado de un aroma relajante y tranquilizador que la hacía sentirse cómoda y relajada en todo su cuerpo.
—El cuarto de un hombre. ¿Pol? — Clara sintió un fuerte dolor de cabeza, como si alguien le hubiera dado un golpe en la cabeza con un bate de béisbol.
Recordaba que anoche h