Dicho esto, Alejandro con una mirada fría y serena puestas perfectamente en su apuesto rostro, se marchó del comedor.
Ema observó la figura imponente y gélida del hombre, sintiendo un escalofrío recorrer su corazón.
Justo en ese momento, Enrique retiró su mano de la de ella con un gesto severo y se levantó con determinación.
—Alejandro tiene razón. La familia Sánchez es responsable de su propio destino. La familia Hernández la ha ayudado repetidamente, pero su conducta nos lleva a una gran cala