Ema regresó al comedor con sudor empapando su frente, por la tanta preocupación que tenía.
La astuta Beatriz, a quien había criado con sus propias manos, ahora tenía el control sobre ella. Aunque antes no les temía a si tuvieran o no tuvieran ninguna prueba, la situación había cambiado.
Enrique ya no la trataba tan amablemente como antes, lo cual complicaba aún más la situación en la familia Hernández. En ese momento, tenía que ayudar a Beatriz con sus deudas, pero no quería ayudarle con su pro