¿Podría ser este él el príncipe encantado que tanto anhelaba encontrar la señorita?
En ese momento, tres lujosos coches negros se acercaron desde lejos.
El primero de ellos era un Maybach, y al ver la matrícula, Aarón frunció el ceño con frialdad.
Eran definitivamente hombres de Hernández, el vehículo de Alejandro.
Los coches se detuvieron, y César fue el primero en bajar del asiento del copiloto con respeto, abriendo la puerta cortésmente.
Con zapatos de cuero negro impecables y largas piernas