—¿Por qué estás aquí?— Clara pareció sorprendida, incluso mostró una dulce y linda torpeza.
Pol curvó ligeramente sus finos labios, sus ojos brillaron como dos crecientes lunas encantadoras. —¿Acaso no puedo yo también ser tu cita a ciegas?
Los labios de Clara se apretaron en una mueca, sin saber cómo responder. La pregunta era muy directa. Sin embargo, la suave sonrisa en sus ojos y su rostro suavizaron el ambiente incómodo, haciendo que Clara sintiera que era solo una broma inofensiva.
—¿Puedo