Pol, con suavidad, curvó los labios y elegantemente tomó un sorbo de café, como un apuesto caballero que había salido de un cuadro del renacimiento.
Ambos charlaron un rato. Clara se enteró de que, en estos años, Pol había estado acompañando a su madre en Austria para recibir tratamiento, ya que ella padecía Alzheimer y ya no podía cuidarse por sí misma. Aunque él tenía muchas oportunidades para regresar a la Ciudad de México, decidió quedarse en Austria para desarrollar su carrera, todo por el