Las miradas agudas de todos apuntaron a Leona como si fuera un blanco! —Leona¿Realmente fuiste tú? —sorprendido, Fernando preguntó.
Rodrigo frunció el ceño, mirando fríamente a la asustada Leona.
Si no fuera porque Noa bebió accidentalmente la copa de vino, él habría sido un juguete en manos de esta mujer malvada ahora mismo.
Solo Clara bajó los párpados sin ninguna emoción, su sonrisa perezosa revelaba que sabía de todas las conspiraciones.
—¡Eres una mala mujer! ¿Cómo te atreves a difamarme? —