Juan, imperturbable, miraba fijamente hacia el bosque con una mirada profunda y serena, sin parpadear.
Los rayos del sol se filtraban a través de las hojas, creando manchas de luz moteada que iluminaban su rostro tranquilo, delineando sus rasgos profundos.
Las personas en el bosque parecían darse cuenta de su mirada y se escondían ágilmente detrás de los troncos mientras el viento susurraba entre las hojas.
Noa, sentada en su silla de ruedas, miraba fijamente la foto de Luisana, con lágrimas en