Rodrigo bajó la cabeza, algo avergonzado. —Temo que puedas sentirte incómodo por lo que sucedió antes y no quieras venir a mi boda.
Víctor se emocionó y le dio un abrazo fuerte.
De vuelta en el coche, Noa estaba envuelta en una manta, descansando con los ojos cerrados apoyada en la ventana.
Su estado de salud todavía era muy débil. Aunque pasó casi todo el tiempo en una silla de ruedas, este tipo de viaje todavía era un poco difícil para ella.
—La ventana está fría, apóyate aquí.
Rodrigo extendi