El coche no había avanzado mucho cuando la expresión de Clara cambió repentinamente. Sus manos, marcadas con las huellas de besos masculinos, se cerraron en un duro puño y se lanzaron directo hacia el pecho de Alejandro con una fuerza que parecía capaz de dejarlo sin aliento.
—Clara, ten cuidado, ¡te lastimarás la mano! — Alejandro se asustó tanto por el golpe que su voz temblaba.
Aarón, desde el asiento del conductor, echó un vistazo furtivo al espejo retrovisor y no pudo evitar sonreír.
—Aleja