—¿No estás de acuerdo? — Enrique frunció los labios fríamente, su mirada de desprecio no parecía en absoluto la de un padre mirando a su hijo. —Alejandro, ¿ya estás pensando en tomar el control antes de que yo? como tu padre, aún no he muerto. Si no te doy la oportunidad, ¿crees que podrías convertirte en el presidente de grupo Hernández? ¿No entiendes claramente tu posición, que te atreves a hablarme así? — Sus palabras estaban llenas de autoridad.
Frente al sarcasmo, más que enojarse, Alejandr