Enrique era bastante hábil en el arte de retorcer cualquier buen argumento, por lo cual comenzó a recuperar muy pronto la supremacía con su elocuencia. Entrecerró los ojos, con destellos de astucia en ellos, su voz era calmada, pero con un gran filo oculto:
—En este asunto, Leona ciertamente ha cometido graves errores, ¿pero la responsabilidad principal no recae en la familia Rodríguez? Ellos tramaron un plan, aprovechando la enfermedad de Noa para atacar a nuestra familia Hernández. ¿Quién sabe