—Si quieres ver a Noa, primero debes pasar por la prueba del abuelo, luego hablaremos—dijo Clara antes de irse bajo la lluvia, sin ni siquiera mirar atrás.
Alejandro acompañó en completo silencio a su hermano como si fueran inseparables, con sus altas y robustas figuras erguidas entre la cortina de lluvia, como grandes esculturas perfectas eternamente congeladas en el mundo.
—Deja que Noa se quede aquí con el abuelo por un buen tiempo. Ve y ocúpate de los asuntos de tu familia por ahora. Cuando