—¡Mujerzuela, ¿te atreves a arrojarme algo?! ¿Sabes quién soy yo?— gritó Santiago Sánchez enfurecido mientras se limpiaba la cara.
—¿Y a mí que me importa quién eres? Has drogado a una chica y la has emborrachado con afrodisíacos, no vales ni para ser un perro— respondió Clara Pérez con una mueca coqueta.
Santiago Sánchez estaba furioso, ¿cómo se atrevía esta mujer a insultarlo?
Si no hubiera tanta gente alrededor, habría querido abofetearla.
En ese momento, dos guardaespaldas de la familia Sánc