Ella usó toda su fuerza, abriendo débilmente los labios pálidos y sin color, solo después de un largo rato logró pronunciar con dificultad, sus ojos hinchados como dos charcos de agua muerta sin vida, —Rodrigo, ¿por qué llegaste tan tarde...? ¿Por qué llegaste tan tarde?
Cada débil y sin fuerza pregunta era como una afilada hoja penetrando profundamente en el corazón de Rodrigo, causando un dolor desgarrador. Sus labios balbuceaban impotentes, incapaces de articular una sola palabra completa.
—